miércoles, 14 de agosto de 2013

Capítulo 1, parte 1

Me miro en el espejo y frunzo el ceño, frustrada. ¡Que asco de pelo! No hay manera con él.
y maldita sea Katherine Kavanagh, que se ha puesto enferma y me ha metido en este lío.

Tendría que estar estudiando para los exámenes finales, que son la semana que viene, pero aquí estoy, intentando hacer algo con mi pelo. No debo meterme en la cama con el pelo mojado. Recito varias veces estas palabras mientras intento una vez más controlarlo con el cepillo.

Me desespero, pongo los ojos en blanco, después observo a la chica pálida, de pelo castaño, y ojos azules exageradamente grandes que me mira, y me rindo. Mi única opción es recogerme este pelo rebelde en una coleta y confiar en estar medio presentable.

Kate es mi compañera de piso, y ha tenido que pillar un resfriado precisamente hoy. Por eso no puede ir a la entrevista que había concertado con un mega-empresario del que yo nunca había oído hablar para la revista de la facultad. Así que va a tocarme a mi. Tengo que estudiar para los exámenes finales, tengo que terminar un trabajo y se suponía que a eso iba a dedicarme esta tarde, pero no. Lo que voy a hacer hoy es conducir mas de doscientos kilómetros hasta el centro de Seattle para reunirme con el enigmático presidente de Horan Enterprises Holdings, Inc. Como empresario excepcional y principal mecenas de nuestra universidad, su tiempo es extraordinariamente valioso -mucho mas que el mio-; pero ha concedido una entrevista a Kate.

Un bombazo, según ella. Malditas sean sus actividades extra-académicas.
Kate esta acurrucada en el sofá del salón.

- _____(tn), lo siento. Tarde nueve meses en conseguir esta entrevista. Si pido que me cambien el día, tendré que esperar otros seis meses, y para entonces las dos estaremos graduadas. Soy la responsable de la revista, así que no puedo echarlo todo a perder. Por favor... -Me suplica Kate con voz ronca por el resfriado.
¿Cómo lo hace? Incluso enferma esta guapísima, realmente atractiva, con su pelo rubio rojizo perfectamente peinado y sus brillantes ojos verdes, aunque ahora los tiene rojos y llorosos. Paso por alto la inoportuna punzada de lastima que me inspira.

- Claro que iré, Kate. Vuelve a la cama. ¿Quieres una aspirina o un paracetamol?
- Un paracetamol, por favor. Aquí tienes las preguntas y la grabadora. Solo tienes que apretar aquí. Y toma notas. Luego ya lo transcribiré todo.
- No se nada de él... - Murmuro intentando en vano reprimir el pánico, que es cada vez mayor.
- Te harás una idea por las preguntas. Sal ya. El viaje es largo. No quiero que llegues tarde.
- Vale, me voy. Vuelve a la cama. Te he preparado una sopa para que te la calientes después.
La miro con cariño. Solo haría algo así por ti, Kate.

- Si, lo haré. Suerte. Y gracias, ____(tn). Me has salvado la vida, para variar.
Cojo el bolso, le lanzo una sonrisa y me dirijo al coche. No puedo creer que me haya dejado convencer, pero Kate es capaz de convencer a cualquiera de lo que sea. Será una excelente periodista. Sabe expresarse y discutir, es fuerte, convincente y guapa. Y es mi mejor amiga.

Apenas hay trafico cuando salgo de Vancouver, Washington, en dirección a la interestatal 5. Es temprano y no tengo que estar en Seattle hasta las dos del mediodía. Por suerte, Kate me ha dejado su Mercedes CLK. No tengo nada claro que con Wanda, mi viejo Volkswagen escarabajo, pudiera llegar a tiempo. Conducir el Mercedes es muy agradable. Piso con fuerza el acelerador, y los kilómetros pasan volando.

Me dirijo a la sede principal de la multinacional del señor Horan un enorme edificio de veinte plantas, una fantasía arquitectónica, todo él de vidrio y acero, y con las palabras HORAN HOUSE en un discreto tono metálico en las puertas acristaladas de la entrada.

Son las dos menos cuarto cuando llego. Entro en el inmenso -Y francamente intimidante vestíbulo de vidrio, acero y piedra blanca, muy aliviada por no haber llegado tarde.

Desde el otro lado de un solido mostrador de piedra me sonríe amablemente una chica rubia, atractiva y muy arreglada. Lleva la americana gris oscura y la falda blanca mas elegantes que he visto jamás. Está impecable.

- Vengo a ver al señor Horan. ______(tn) Steele, de parte de Katherine Kavanagh.
- Discúlpeme un momento, señorita Steele - Me dice alzando las cejas.
Espero tímidamente frente a ella. Empiezo a pensar que debería haberme puesto una americana de vestir de Kate en lugar de mi chaqueta azul marino. He hecho un esfuerzo y me he puesto la única falda que tengo, mis cómodas botas marrones hasta la rodilla y un jersey azul. Para mi ya es ir elegante.

Me paso por detrás de la oreja un mechón de pelo que se me ha soltado de la coleta fingiendo no sentirme intimidada.

- Si, tiene cita con la señorita Kavanagh. Firme aquí, por favor, señorita Steele. El último ascensor de la derecha, planta 20.
Me sonríe amablemente, sin duda divertida, mientras firmo.

Me extiende un pase de seguridad que tiene impresa la palabra VISITANTE. No puedo evitar sonreír. Es obvio que solo estoy de visita. Desentono completamente. No pasa nada, suspiro para mis adentros. Le doy las gracias y me dirijo hacia los ascensores, mas allá de los dos vigilantes, ambos mucho mas elegantes que yo con su traje negro de corte perfecto.

El ascensor me traslada a la planta 20 a una velocidad de vértigo. Las puertas se abren y salgo a otro gran vestíbulo, también de vidrio, acero y piedra blanca. Me acerco a otro mostrador de piedra y me saluda otra chica rubia vestida impecablemente de blanco y negro.

- Señorita Steele, ¿puede esperar aquí por favor? - Me pregunta señalando una zona de asientos de piel de color blanco.
Detrás de los asientos de piel hay una gran sala de reuniones con las paredes de vidrio, una mesa de madera oscura, también grande, y al menos veinte sillas a juego. Mas allá, un ventanal desde el suelo hasta el techo que ofrece una vista de Seattle hacia el Sound. La vista es tan impactante que me quedo momentaneamente paralizada. Wow.

Me siento, saco las preguntas del bolso y les echo un vistazo maldiciendo por dentro a Kate por no haberme pasado una breve biografía No se nada del hombre al que voy a entrevistar. Tanto podría tener noventa años como treinta. La inseguridad me mortifica y, como estoy nerviosa, no paro de moverme. Nunca me he sentido cómoda en las entrevistas cara a cara. Prefiero el anonimato de una charla en grupo, en la que puedo sentarme al fondo de la sala y pasar inadvertida. Para ser sincera, lo que me gusta es estar sola, acurrucada en una silla de la biblioteca del campus universitario leyendo una buena novela inglesa, y no removiéndome nerviosa en el sillón de un enorme edificio de vidrio y piedra.

Suspiro. Contrólate, Steele. A juzgar por el edificio, demasiado aséptico y moderno, supongo que Horan tendrá unos cuarenta años. Un tipo que se mantiene en forma, bronceado y rubio, a juego con el resto del personal.

De una gran puerta a la derecha sale otra rubia elegante, impecablemente vestida ¿de dónde sale tanta rubia inmaculada? Parece que las fabriquen en serio. Respiro hondo y me levanto.

- ¿Señorita Steele? -Me pregunta la ultima rubia
- Si- Digo con la voz ronca; carraspeo – Si- Repito, esta vez en un tono algo mas seguro.
- El señor Horan la recibirá enseguida, ¿quiere dejarme la chaqueta?
- Si, gracias -Le contesto al tiempo que me quito con torpeza la chaqueta.
- ¿Le han ofrecido algo de beber?
- Pues... No.
Vaya, ¿estaré metiendo en problemas a la rubia numero uno?

La rubia numero dos frunce el ceño y lanza una mirada a la chica del mostrador.

- ¿Quiere un té, un café, un poco de agua?- Me pregunta volviéndose de nuevo hacia mi
- Un vaso de agua, gracias - Le contesto en un murmullo.
-Olivia, traele a la señorita Steele un vaso de agua, por favor - Dice en tono serio.

Olivia sale corriendo de inmediato y desaparece detrás de una puerta al otro lado del vestíbulo.

- Le ruego que me disculpe, señorita Steele. Olivia es nuestra nueva empleada en prácticas. Por favor, siéntese. El señor Horan la atenderá en cinco minutos.
Olivia vuelve con un vaso de agua muy fría.

- Aquí tiene, señorita Steele.
- Gracias.
La rubia numero dos se dirige al enorme mostrador. Sus tacones resuenan en el suelo de piedra. Se sienta y ambas siguen trabajando.

Quizá el señor Horan insta en que todos sus empleados sean rubios. Estoy distraída, preguntándome si eso es legal, cuando la puerta del despacho se abre y sale un afroamericano alto y atractivo, con el pelo rizado y vestido con elegancia. Esta claro que no podría haber elegido peor mi ropa.

Se vuelve hacia la puerta.

- Horan, ¿jugamos al golf esta semana?
No oigo la respuesta. El afroamericano me ve y sonríe. Se le arrugan las comisuras de los ojos. Olivia se ha levantado de un salto para ir a llamar al ascensor. Parece que destaca en eso de pegar saltos de la silla. Está más nerviosa que yo.

- Buenas tardes señoritas-dice el afroamericano metiéndose en el ascensor
- El señor Horan la recibirá ahora, señorita Steele. Puede pasar- Me dice la rubia número dos.

Me levanto tambaleándome un poco e intentando contener los nervios. Cojo mi bolso, dejo el vaso de agua y me dirijo a la puerta entornada.

-No es necesario que llame. Entre directamente- Me dice sonriéndome


Empujo la puerta, tropiezo con mi propio pie y caigo de bruces en el despacho..

my babe ♡

***
¡Hola lectoras! Tengo que deciros a las que no os tengo en tuenti y a las que si, que si me podéis seguir en twitter (@cincoidiotasytu). Es que ya me han quitado el tuenti cuatro veces, y ya sabéis es mejor prevenir que curar. Ya sabéis si os gusta pedid siguiente. Os amo.

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